Internet es una red de redes de millones de ordenadores en todo el mundo. Pero al contrario de lo que se piensa comúnmente, Internet no es sinónimo de World Wide Web. La Web -el gran hipertexto de alcance mundial- es sólo una parte de Internet, es sólo uno de los muchos servicios que ofrece Internet.
En realidad, Internet no es un medio de comunicación, sino muchos medios, una red que comprende distintos tipos y distintos sistemas de comunicación. La gente utiliza Internet para muy distintas finalidades. Muchas de ellas están relacionadas con diferentes y variadas categorías de comunicación, información e interacción. Algunas son nuevas y otras muy antiguas, pero estas categorías no se excluyen mutuamente, ya que no sólo los usuarios pueden participar en Internet mediante una combinación de comunicación, información e interacción al mismo tiempo, sino que también los distintos medios se entremezclan en el mismo canal.
En puridad, se podría afirmar que Internet no es ni un canal ni un medio, sino un hipersistema, un macrosistema o un metasistema de comunicación en el que los distintos sistemas se mezclan y entretejen. La digitalidad no sólo reduce todas las morfologías de la información a una sola: texto, imagen y sonido se convierten en bits de información, sino que también los distintos medios de comunicación con sus distintos sistemas, se integran en uno al converger en la red.
Desde el punto de la vista de la comunicación, Internet se caracteriza por ser una red horizontal y en gran medida descentralizada. La comunicación se puede realizar de forma multidireccional (participar en un grupo de debate), unidireccional (leer, bajar archivos de la red, buscar información, etc.), bidireccional (conversar o jugar con alguien, intercambiar archivos o correos electrónicos) e interactiva. Y se establece tanto en ámbitos públicos como en privados. Al contrario que los medios de masas (radio, televisión, prensa, etc.) que no permiten interacciones transversales entre los participantes, los medios en Internet sí permiten este tipo de interacciones. El teléfono usa una comunicación uno a uno, en el ciberespacio un individuo es, potencialmente, emisor y receptor a la vez y todos pueden comunicar con todos en un espacio sincrónico o asíncrono, simultáneo o no concurrente.
El ciberespacio es pues, un sistema de sistemas; un medio de conexión de cosas y personas; una convergencia de productos humanos (materiales y espirituales); un vasto territorio donde concurren máquinas, individuos y grupos sociales, y donde se almacenan, intercambian y confluyen ideas y obras, datos, libros, periódicos, cartas, imágenes, programas de ordenador, vídeos y música de cualquier tiempo y lugar; un foro de encuentro para el intercambio personal, íntimo, público, masivo y comercial; y un nuevo espacio para la interacción humana (finanzas, comercio, educación, investigación, asociaciones y ONGs, empresas, comunidades globales o locales, etc.). En suma, un mundo paralelo al mundo real, una imagen especular al otro lado de las pantallas o una nueva dimensión de éste que se constituye como el reino de la comunicación, la información, el entretenimiento y el ocio, el comercio, el arte, la cultura, la educación, la investigación, la cooperación, la competencia, etc.
Sin embargo, Internet es un nuevo espacio social que no sustituye a éste, sino que se superpone a los que ya existían. Internet no configura una nueva sociedad, sino que forma parte de ella, aunque se produzca y reproduzca al otro lado de las redes. Esos dos espacios, el de fuera y el de dentro de las redes, están indisolublemente entrelazados y se transforman mutuamente. Los interactores somos las mismas personas y los mismos agentes sociales a uno y otro lado de las pantallas, de las redes y las parafernalias tecnológicas.
El nacimiento de la galaxia Internet ha dado origen a numerosos estudios y publicaciones sobre las repercusiones de este nuevo espacio social de interacción y sus implicaciones sobre el arte, la cultura, la ciencia, la ecología, la economía, los medios de información y comunicación, el mundo laboral, la empresa, la política y todas y cada una de las actividades humana, entre ellas, el lenguaje.
Igual que sucede en el mundo analógico, los usuarios de una lengua utilizan ésta con distintos registros dependiendo de la situación comunicativa pragmática en la que se encuentren. No es lo mismo charlar con los amigos que dar una conferencia magistral, en cada caso se utilizará un lenguaje diferente. De igual forma, no es lo mismo chatear con los compañeros de instituto que publicar un comentario en una lista de distribución para expertos en un tema determinado y también será diferente el lenguaje que se utiliza en un correo electrónico dirigido a un amigo que el que se envía a una agencia de empleo. Y, por supuesto, habrá notables diferencias entre el lenguaje utilizado en un blog de carácter personal que el lenguaje usado en un blog literario, en un blog periodístico, etc.
En otro orden de cosas, se ha hablado de una nueva “racionalidad” que trae consigo el hipertexto. Para algunos autores, la escritura ordinaria suele ser secuencial porque el habla es secuencial y porque los libros se leen de forma secuencial, pero creen que la estructura de las ideas no es secuencial, sino que nuestra mente funciona por asociación. El hipertexto vendría, entonces, a corroborar esa idea. Wittgenstein, Foucault, Barthes, Derrida y otros se presentan como ejemplo de autores que defienden este tipo de organización del pensamiento lógico que ahora se podría expresar de forma no secuencial gracias al hipertexto.
La definición que dio Nelson de hipertexto como escritura no secuencial ha dado muchos quebraderos de cabeza. Los seguidores de la narrativa hipertextual, con George Landow a la cabeza, han defendido que la narrativa lineal ha sido así por razones históricas y, sobre todo, por influencia de la imprenta, y no por por ninguna otra razón lógica. Según ellos, las formas narrativas hipertextuales vendrían a sustituir a las formas de narrar tradicionalmente lineales y de esta forma, la forma de expresión del pensamiento se ajustaría más al proceso de pensar.
En la posición extrema a Landow y los defensores de la no secuencialidad o multisecuencialidad, se encuentran otros autores y pensadores que critican la fragmentariedad, la discontinuidad, la hipotaxis y el texto descentrado a que puede dar lugar la expresión hipertextual. Mientras que unos teóricos (Landow) valoran la muerte del autor y del texto tradicionales y pregonan el triunfo del lector, otros teóricos de signo contrario preconizan la aparición de un lector y un sujeto descentrado, inconexo, fruto de la dispersión conceptual de la nueva textualidad del hipertexto. Según estos últimos autores, el desarrollo cognitivo, la reflexión y el análisis crítico se relacionan con la capacidad de pensar mediante argumentos proposicionales y para la formación y el conocimiento se ha considerado de vital importancia la propia existencia y forma de organización del texto impreso que permite un desarrollo lineal y argumentativo del discurso secuencial. El hipertexto, por tanto, rompería con el pensamiento lógico, argumentativo y racional.
De esta forma, existen tanto los hipertextófilos como los hipertextófobos extremos. De cualquier forma, no voy a centrarnos aquí en sí existen o no formas distintas de narrar, ni voy a dilucidar cuál responde a la forma real de funcionamiento del pensamiento, si al razonamiento lógico tradicional o al razonamiento por asociación, lo cierto es que las dos son constitutivas del pensamiento y que lo bueno del hipertexto es que permite ambas. Lo que nos importa realmente es saber qué aporta la estructura hipertextual y, sobre todo, destacar que el hipertexto introduce nuevas formas de organizar la información y nuevas formas de acceso a ésta. La Clasificación Decimal Universal no nos cuadriculó el cerebro ni coartó la creatividad de los autores, se convirtió únicamente en una forma de ordenar la información para poder recuperarla de una forma más rápida y efectiva. El hipertexto ofrece una nueva forma de presentar, acceder y recuperar dicha información, una cuestión bien distinta es cómo se estructura el contenido argumental de un documento y si sigue una determinada línea narrativa o argumentativa, varias o incluso ninguna. Lo cierto es que el hipertexto permite todas y cada una de estas líneas narrativas gracias a enlaces de muy distinto tipo: jerárquicos, asociativos, formales, conceptuales, referenciales, explicativos, etc., y que permite diferentes formas de representación de las ideas, la información y el conocimiento, desde una línea estrictamente secuencial hasta una combinación de relaciones secuenciales, jerárquicas de distinto tipo y asociativas de diferente signo.
La potencia del hipertexto radica, precisamente, en la peculiar forma de organización de la información. El hipertexto posibilita trazar las referencias, crear referencias nuevas y establecer tanto una estructura jerárquica como no jerárquica de composición, asociativa como no asociativa, reticular, conceptual, formal, etc. El hipertexto ofrece no sólo conectividad, apertura y extensibilidad, sino también una gradualidad o modularidad a los documentos: un mismo segmento de texto puede ser referenciado desde varios lugares, una misma idea puede ser desarrollada con distinto grado de amplitud y profundidad.
La búsqueda puede ser secuencial, jerárquica, navegacional o directa y el propio hipertexto nos ofrece todo tipo de relaciones internas y externas, dentro del hiperdocumento y fuera de él, contextualizándolo tanto en un pequeño entorno como en la inmensidad del conocimiento compendiado en las redes. Pero la racionalidad humana sigue siendo la misma. Pensamos secuencial y simultáneamente y también de forma asociativa, quizás las asociaciones no puedan ser representadas al hilo del discurso, pero en parte, el hipertexto nos las hace presentes. Por su parte los gráficos, las imágenes en movimiento, los planos, los objetos en tres dimensiones, los vídeos, los sonidos y todas las posibilidades multimedia son un enorme ramillete de expresiones y modulaciones que acompañan al texto y lo transcienden. Toda una inmensa riqueza de recursos y posibilidades que ahora nos ofrece, de forma secuencial y simultánea -multisecuencial-, el universo hipertextual.
Como sucede con el libro impreso, existen buenos y malos hipertextos, al igual que existen buenos y malos libros. La estructura de un hipertexto es arbitraria, puede ser definida de forma más o menos descentralizada o jerárquica, ya que el establecimiento de las unidades hipertextuales se debe a una -o varias- estructuras lógicas que tendrán su reflejo en la estructura navegacional. El hipertexto, al igual que el libro tradicional, exige un lector activo y reflexivo y que esté familiarizado con el nuevo medio y, al igual que se exige que un lector de libros deba estar acostumbrado a la lectura libraria, el usuario de un hipertexto deberá conocer las claves para usar, navegar y explorar un hipertexto.
El hipertexto se convierte, pues, en el lugar y el espacio idóneos no sólo para la obtención de información, para el entretenimiento, la comunicación y el ocio, sino también para la lectura reflexiva y para el aprendizaje. Y es el lector el que construye el texto a su medida conectando, en el acto de lectura, todos los textos o fragmentos de texto que sean de su interés, sin que tenga demasiada importancia quién es el verdadero autor de toda esa información disponible al alcance de la mano y si dicha información, en origen, constituye o no un texto cerrado. La lectura se convierte, pues, en un proceso proactivo, reflexivo y dinámico en el que el lector actúa y toma decisiones por sí mismo. Esto es, el lector pasivo del texto impreso, se convierte a la fuerza, en el hipertexto, en un lector activo obligado a tomar el control de "su lectura" mediante la adopción de decisiones constantes. Y en un lector que "usa" cualquier información accesible según sus necesidades e intereses. De ahí la conversión del lector en usuario.
El navegante, que tiene ante sí una multiplicidad de posibilidades de lectura distintas, tiene que decidir por sí mismo qué camino tomar y puede elegir distintas vías de forma simultánea. Aunque en el acto de lectura mismo se sigue una linealidad temporal, el hipertexto posee una multisecuencialidad espacial, esto es, se pueden desplegar múltiples ventanas ante la vista frente a los límites y linealidades espaciales y temporales que imponía el texto impreso.
En el hipertexto, el lector no alfabetizado en este nuevo contexto tecnológico puede realmente ser ese huérfano perdido en el ciberespacio que preconizaban los primeros teóricos del hipertexto, pero quien conoce el medio y toma las riendas de lectura eligiendo su propia senda, no es en realidad un huérfano, sino que se convierte en una figura hasta ahora inusitada: un lector independizado por completo del autor y un lector independizado del texto cerrado. Cualquier acto de lectura se convierte, de esta forma, en un proceso individualizado y leer un hipertexto por parte de uno u otro usuario constituye una forma única y diferenciada de lectura. Y, al igual que en el mundo analógico depende de las habilidades del lector que la lectura se convierta en un acto superfluo o en un acto reflexivo, la lectura hipertextual exige, por principio, un lector más activo que no se deja guiar únicamente por lo que marca un autor o por la disposición de un texto, sino que está obligado a tomar decisiones a cada instante.
El hipertexto convierte al lector en usuario pues es el lector quien usa el texto a su antojo eligiendo qué leer, cómo ampliar la información, cómo desechar los fragmentos que no son de su interés y cómo saltar de un fragmento de información a otro. Los enlaces son puentes de lectura entre unos textos y otros, una información y otra, un recurso y otro diferente; un documento, un autor y su referencia, etc. y así el usuario puede construir su propio texto, saltándose los pasajes, ampliándolos con las referencias y asociaciones pertinentes, recombinando textos, buscando otros contextos y apariciones, etc.
Toda lectura es un acto individual y también es un proceso que se lleva a cabo, necesariamente, en el tiempo y en el espacio. Hasta ahora, la linealidad del texto venía impuesta por los contornos de la página impresa, pero el espacio hipertextual permite romper esos contornos. La lectura adquiere nuevas dimensiones pues se puede optar por un barrido visual y una exploración superficial hasta centrar la atención en un punto concreto y sumergirse en una lectura reflexiva y pausada. No es lo mismo el zapeado de páginas, la lectura de titulares o la búsqueda directa, que la exploración detenida de un espacio hipertextual. Depende de los deseos del lector detenerse en un punto concreto de la información y sumergirse en una lectura más profunda o ampliar la información en otros puntos externos de la red. Así pues, el hipertexto no conduce, necesariamente, a una lectura superficial ya que el hipertexto posibilita varios modos de lectura, sino que es la intención del lector la que conduce a un tipo u otro de lectura.
Navegar por la información es una dimensión nueva. El hipertexto permite tanto la tradicional lectura secuencial, como la búsqueda directa mediante consultas. Entre estas dos opciones, la navegación se presenta como un paso intermedio entre dos formas de lectura. Además, el hipertexto constituye un formato abierto de acceso a la lectura, pues el lector puede elegir de forma consciente o aleatoria comenzar por un punto cualquiera del texto y seguir diferentes caminos o lecturas a través de la textura de la información y de acuerdo con sus intereses. Así pues, desde el punto de vista del lector, el hipertexto no tiene un comienzo, un medio y un final como sí poseía un libro en el cual el desarrollo de lectura venía claramente definido. En esto se diferencia del texto impreso ya que en el hipertexto no es el autor quien controla el texto, sino que es el lector quien toma las riendas.
La lectura de un hipertexto es una lectura extensiva, más superficial y horizontal que la lectura de un libro impreso, mientras que la lectura de este último es más pausada, inmersiva, intensiva, en profundidad, vertical de abajo arriba y prolongada en el tiempo. Lo que conduce a este modo de lectura es no sólo la disposición de la pantalla, sino también la abundancia de información, pero una vez que se ha hecho un barrido visual y explorado el espacio de información, la lectura del hipertexto requiere mayor atención -e intención- por parte del lector que la lectura de un texto impreso.
El discurso secuencial ha pasado a ser multisecuencial, y el conocimiento se construye no paso a paso como en la cultura impresa, sino como un haz o una totalidad de significaciones. La hipermedia introduce, además, elementos ajenos a la cultural textual y texto, imagen y sonido se funden y confunden en el nuevo hipertexto. En este sentido, el hipertexto se aleja de la linealidad y articulación del pensamiento racional propio de la imprenta y de su segmentación de la realidad para acercarse a la totalización de las imágenes, a la unidad entre contenidos y formas. El hipertexto establece una estrecha relación con los códices medievales por su logografía y caligrafía iluminadas, su iconografía constante, el uso de miniaturas, etc. y también una fuerte relación con los rollos de papiro anteriores a la invención del codex romano en donde las páginas no van cosidas unas a otras, sino que se despliegan. Texto e imagen convergen en el hipertexto/hipermedia.
Sin duda, las virtudes del medio hipertextual sobre el medio impreso se deben, fundamentalmente a cuatro aspectos diferenciados: la rapidez en el acceso a la información, la disponibilidad de una enorme biblioteca universal de acceso libre, la posibilidad de buscar de forma directa la información que se precisa y , en último término y no menos importante, el hecho de que la Web no sólo es un espacio de información, sino también un lugar para la interacción.
Desde la experiencia del lector, la información ha dejado de ser una cosa física y se ha convertido en una realidad mental, en un espacio nuevo que hay que aprender a construir, explorar, usar y comprender. La sintaxis de esa nueva dimensión es el hipertexto y aprender a leer y escribir mediante enlaces es una nueva forma de alfabetización enmarcada dentro de una cultura más amplia que es la alfabetización digital.
Tanto en forma impresa, como en forma hipertextual, información y conocimiento no son sinónimos. El simple acceso a la información no acredita el conocimiento, este último requiere siempre una labor individual, íntima, perseverante y, sobre todo, activa. Un buen hipertexto puede facilitar y estimular dicha labor y ya es hora de que los docentes recomienden a los alumnos leer “buenos hipertextos” y les animen a escribir “hipertextos propios”. La redacción y publicación de un blog sobre un tema de interés para el alumno, puede ser una labor muy estimulante.
Lo cierto es que los jóvenes se han adaptado rápidamente a las pantallas y que, en muchas ocasiones, las prefieren a los libros. Aprovechemos esa circunstancia para animarles a la “lectura” porque ésta no es sólo la lectura impresa, sino cada vez más, la lectura hipertextual. Y leer “buena literatura”, ya sea impresa o hipertextual, les conducirá a “hilvanar mejor” las frases y oraciones, tanto en la expresión oral, como en la escrita.
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