Palabras clave:cibersociedadeducación internet cibergeografía/geografía ciberespacio |
Autor(-a/s):Yajaira Rodríguez Noriega |
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Abstract:Las diferentes definiciones de sociedad informacional, desde Alain Touraine hasta Edgar Morin, pasando por Manuel Castells, a partir de sus respaldos argumentativos (lo económico, lo científico – técnico y lo cultural) permiten estimar el activo de la información, en tanto conocimiento que da salida a un nuevo estilo de capital ¿y por qué no? de Capitalismo; estas consideraciones facilitan el análisis de la nueva empresa desde la red como centro educativo y dentro de ella el concepto de Capital intelectual que basamenta la sociedad del saber y de la información, en la que se afinan las relaciones de trabajo alrededor del manejo de los talentos y las competencias antes que de las destrezas, lo que adecuará nuevos procesos de aprendizaje y creará expectativas también nuevas que parecieran conducir hacia el estadio de aprendizaje - red, cuyo principio de organización social es el de la Sociedad Capitalista Informacional. |
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Texto de la comunicación:
1. PARA COMPRENDER LA EXISTENCIA DE LA SOCIEDAD – RED, LA SOCIEDAD INFORMACIONAL O LA CIBERSOCIEDAD Para entender el mundo hoy, conceptuado por Castells (1) como "Sociedad - Red", llamado también "Cibersociedad" por Joyanes (2), entre muchas acepciones, es menester clarificar un patrón de comprensión inicial a fin de internalizar la relación entre éste y la percepción que de él hace el hombre y de los estadios de aprendizaje social existentes e insurgentes en las sociedades, capitalistas o socialistas, bien de desarrollo avanzado bien de desarrollo tardío, a los fines de entender el principio de organización social de la informacionalidad y sus características, propios de los tiempos de mundialización; tales categorías de inicio son: Globalización, identidad y Estado – red, útiles a objeto de adecuar el discurso educativo a las necesidades imperativas de generación y gestión de acciones educativas apropiadas a las características del actual interfaz. Joyanes (op. cit.) da justa relevancia al concepto de Globalización desde el análisis postural de algunos autores en referencia, a quienes revisa, desde Touraine, quien alude al concepto de globalización... desde una visión más negra...,... como si se tratara de una rabieta de algunos intelectuales de izquierda ante el avance del Capitalismo. Así, Touraine considera la Globalización como un constructo ideológico del neoliberalismo y no como la rigurosa descripción de un nuevo escenario socioeconómico. En él la crítica se dirige a desmontar el aparente impacto de la Globalización, al que considera hiperbolizado por la opinión pública como un sistema mundial autorregulado cuando en realidad es, desde su perspectiva, el espectro del aumento de los intercambios económicos. Sentencia éste que más que globalización económica se tiene trilateralización (vale decir, formación de la tríada económica USA, Japón y Unión Europea) y creación de redes económicas mundiales, nunca un sistema económico mundial. Drucker (3) señala, al llamarlo "Postcapitalismo", que éste supone el cambio del paisaje político, económico, social y moral del mundo, en un evidente ejercicio de diseño paradigmático; de esta manera la incertidumbre del futuro sólo deja la certeza de que el próximo mundo será diametralmente diferente a cualquiera de los mundos hasta ahora vividos y que el principal recurso será el saber, al servicio – es duro reconocerlo – de la productividad y de la innovación. La aplicación del saber, en lo que Drucker llama la "Revolución de la Gestión" se convierte en el principal componente de cualquier proceso productivo, colocando en segundo plano al capital financiero y al trabajo, reconcepcionándose el último a la luz de las nuevas exigencias. Gestión, saber y ciencia son en tiempos postcapitalistas, para Drucker, las principales herramientas de este nuevo concepto de trabajo, en el que los trabajadores son los detentores del saber, de la ciencia y de las capacidades de gestionarla, en lo que llama La tercera revolución o La revolución del saber, deslindándose del que llama el "mal ejemplo" de las dos revoluciones previas: La revolución industrial y la revolución de la productividad. Joyanes alude a la "Cibersociedad", como concepto que concita tecnologías de la información y Sociología, en un intento por dibujar la sociedad como descentralizadora, global, armonizadora y permisiva. Con la prevalencia del bit sobre el átomo como partícula elemental de composición de los seres vivos este autor incorpora una nueva norma, una nueva eticidad a la par de la primacía de la telemática y la cibernética, en la forma de una nueva sociedad, que se agrupa y regula según estos dos patrones. Castells (4), en un intento integrador, tipifica la "Sociedad – Red", punto de honor en la discusión de este artículo, como epítome de los tiempos de globalización que, en su carácter mundializador, afecta indistintamente a todos los espacios geopolíticos; de ahí que la condición latinoamericana no escapa a la red, concebida como... estructura social dominante en la era de la información. Así, la red se superpone como estructura social sobre el resto de los estratos; en otras palabras, la red se consolida como un tramado que posee interconexiones y tejidos, es un verdadero tapiz que se anticipa a todos los sectores de la sociedad, controlando, a partir del manejo de la información, al resto de los dominios sociales; por ello se explica que la red y la unidad de información sean los componentes sociales principales de la era de la información. De las diferentes situaciones posturales se induce, en primer lugar, que los tiempos actuales van más allá de la superespecialización del capitalismo; segundo, que la unidad de información transmitida a través de los mecanismos electrónicos y telemáticos prima hoy como puente comunicacional; tercero, que la unidad de información es el principal capital de la gestión de la ciencia y la técnica en las nuevas revoluciones que, antes que económicas, son intelectuales y cuarto, que en tiempos después del imperialismo, la sociedad quebró el paradigma de la cartelización y la monopolización y se erige en la sociedad – uno – red; a partir de la primacía de la información, inaugurándose la Era de La Sociedad Informacional. Obsérvese, luego, la compenetración en el par ordenado Red - Era de la información, como categorías conceptuales inclusivas, en las cuales la segunda es el resultado de la existencia de la primera y ésta es la cuestión nodal, génesis de la segunda; resultando en la instalación de un nuevo principio de organización capitalista: El de la Era de la Información; principio que se comprende como el conjunto de relacionamientos, estilos, modos de hacer y pautas y programas de producción, circulación y consumo de los diferentes capitales que se movilizan y que ratifican a la unidad de información como base de tal principio y que indudablemente, genera sus propios procesos de aprendizaje dimanados en la empresa - red, considerada centro de producción y circulación de conocimientos y tecnología. De tal manera que en la Era de la Información se induce un nuevo estadio de aprendizaje social: El Estadio de Aprendizaje Tecnologizado, informatizado y competitivo; ésto es, el Estadio de Aprendizaje – Red, en el que el conocimiento se crea en el tejido social, se produce, se coloca y se compite como insumo, reproduciéndose en nuevas pautas de relacionamiento social y de innovación científica y tecnológica. Desde esta perspectiva, el capital que circula es el Capital Intelectual. La configuración del mundo global indiscutiblemente crea nuevas preguntas que conducen a la duda coyuntural; las inquisiciones van desde lo técnico hasta lo cultural. Así, el hombre de la sociedad informacional se pregunta: ¿La digitalización se ramificará hasta el infinito?; es decir ¿La internet substituirá todos los mecanismos de comunicación?; ¿Las nuevas tecnologías serán substitutivas o convivientes? ¿La información dividirá o acercará a los países? ¿Existirán, al decir de Joyanes, países "inforicos" (ricos en información) e "infopobres" (pobres en información)? ¿Mejorará o empeorará la calidad de vida? ¿La preponderancia de la información facilitará la existencia conjunta de los hombres o les separará? ¿La difusión cultural estará garantizada en la era de la información? ¿Las libertades humanas se encuentran amenazadas por la vigilancia de la red? En este escenario de las ideas, en la Era de la Información, la empresa – red se transforma en el nuevo locus creador, productor y transmisor de conocimientos, reconceptúandose la empresa, de allí que hoy reciba diferentes denominaciones, desde "la franquicia" hasta la unidad virtual, sin territorio ni tabiques, pero desde la cual se toman decisiones de carácter mundial. El análisis precedente sustenta la consideración de que todo sitio en el cual se "emprenda" la creación y la innovación del conocimiento con carácter reproductivo es una empresa; desde esta perspectiva, en la sociedad informacional, la empresa es sencillamente el lugar donde se emprende la creación del conocimiento; por derivación, si la empresa es hoy el escenario de generación de conocimientos, al considerar la universidad como empresa (prestadora de un servicio y creadora y productora de conocimientos) se hace necesaria la reconducción de sus procesos internos y sus esquemas de relacionamiento con la externalidad, amén de la redimensión de su misión y la reconcepción de su visión; porque, el ser una empresa implica nuevas metas, nueva misión, en tanto vía para lograr el alcance de la imagen ideal, así como el dibujo de esa imagen, es decir, de la visión. En tiempos empresariales, es interesante conocer ¿Qué se quiere ser? y ¿Cómo se alcanzará lo que se quiere ser?, acercándose a los fundamentos de la red y estructurando sus formas organizacionales y discursivas a la medida de sus requerimientos constitutivos. En la escena educativa y en el contexto presente, se trata entonces, de procurar comprender los requerimientos, las necesidades, las expectativas y las posibilidades de la red – universidad pública, admisible como empresa creadora y productora de conocimientos dentro de un espacio de discusión de combates teóricos planteados entre la emergencia de nuevos estilos de pensamiento, con sus contrabandos nihilistas y proposiciones constructivas, en el que las propuestas discursivas para el escenario de lo educativo pudiere traducir procesos de aprendizaje concordantes con las necesidades nacionales, posibles en la discusión del rescate del humanus (el sujeto sabio, partícipe en los procesos de los que se involucra en la red y, a la vez, de pensamiento emancipado) y acordes con los requerimientos del informacionalismo, como principio de organización social, no sólo insurgente sino instalado. Así las cosas y para adentrarse en esta situación de apreciación hermenéutica resulta necesario incorporarse en el estudio a profundidad del concepto Sociedad – red y de las maneras de ejercicio de su particular racionalidad, inscrita entre el individualismo, el sistema, la crítica y la emancipación. En este sentido, resulta muy oportuno tejer hilos de discursividad en el cual la universidad pública venezolana se reconcilia con la red hacia su transformación en una empresa – red y, desde el planteamiento de nuevos estilos de relacionamiento laboral, el aplanamiento de las jerarquías, la definitiva asunción de esquemas comunicativos sobre la base de la enseñanza desde los líderes hacia los empleados y viceversa, consolidar la eticidad en la red y en la universidad pública hacia el rescate del humanus, el sujeto sabio en manejo del lenguaje de la sociedad informacional, más emancipado de las ataduras de la hiperbolización del postcapitalismo. [ 1] Castells, Manuel (1998): La era de la información, economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. Madrid: Alianza Editorial, p. 15. [2] Joyanes, Luis. (1997): Cibersociedad. Los retos sociales ante el nuevo mundo digital. Madrid: Morales Kopp, p. XV. [3] Drucker, Peter (1998): La sociedad postcapitalista. Colombia: Norma, p. 32. [4] Castells, Manuel (1998): La era de la información, economía, sociedad y cultura. Volumen II: El poder de la identidad. Madrid: Alianza Editorial, p. 24. |
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