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Palabras clave:

cambios científico-tecnológicos
gestión del conocimiento
hipertexto/hipermedia
información
lenguaje visual
 

Autor(-a/s):

María Jesús Lamarca Lapuente
 
 
   
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Abstract:

El uso de las nuevas tecnologías ha desestabilizado el sistema cultural, económico, institucional, legal, político y social y ha modificado los modos de acceso a la información y al conocimiento. Se analizan aquí estos dos conceptos en relación con los cambios que ha traído consigo la aparición del hipertexto enmarcándolos dentro de la actual cultura de la imagen en la que estamos inmersos.

 
 
 

Texto de la comunicación:

El uso de las nuevas tecnologías ha desestabilizado el sistema cultural, económico, institucional, legal, político, social, etc. y ha cambiado los modos de aprendizaje y acceso a la educación, la cultura, el arte, la ciencia, etc.

La revolución que supuso la imprenta en todos los órdenes de la vida (sociales, culturales, económicos, políticos, laborales, educativos, científicos, tecnológicos, etc.) se suele comparar con la revolución que ha supuesto la explosión de Internet. Si la primera dio el salto del mundo manual al mundo mecánico, la segunda ha supuesto el paso del mundo analógico al mundo digital. Todos estos mundos no se excluyen, sino que conviven y se superponen en las vidas de millones de seres humanos en los albores del siglo XXI, una época que, pomposamente, se ha venido en denominar: la era de la información y la comunicación y una sociedad que se autodenomina: sociedad de la información y del conocimiento.

A pesar de estos cambios, el acceso a la educación y la cultura sigue estando vetado para miles de seres humanos. Sin embargo, esto no se debe a las nuevas tecnologías per se, sino a las desigualdades sociales producidas por el orden socioeconómico imperante que se manifiestan tanto en el mundo analógico como en el digital, ya que estas últimas se superponen a las del primero. A esto se une que existen, además, diferencias sustanciales entre la alfabetización en un entorno analógico y la alfabetización en un entorno digital. La alfabetización digital precisa no sólo de unos determinados conocimientos más o menos técnicos (más complejos aun que los que se precisaban en el mundo de la lectura y escritura analógicas), sino también de determinados instrumentos mediadores que hagan posible su acceso y uso (acceso a electricidad y conexión a las redes de telecomunicaciones, acceso a determinados dispositivos de hardware como ordenador y otros periféricos de visualización, audición, escritura y control -tales como pantalla, teclado, ratón, tarjetas gráficas y de sonido, modem, etc-; acceso a software y programas, etc.) por eso se habla de que la brecha digital puede ahondar aún más la desigualdad social en el acceso a la educación y la cultura.

Si hoy Internet se ha convertido en el mayor espacio de comunicación e interacción tanto entre seres humanos como entre estos y las máquinas, la World Wide Web se ha convertido en el mayor espacio de información existente en la actualidad. En la Web se hace real la biblioteca universal borgiana, la gran enciclopedia del conocimiento capaz de compendiar toda la información elaborada por los seres humanos presentes y pasados. El gran hacedor de este milagro es... el hipertexto, capaz de conectar los millones de documentos y recursos de diversos tipos que pueblan la telaraña mundial.

Los primeros hipertextos eran una red desordenada de documentos y nodos enlazados de forma arbitraria con carácter eminentemente asociativo y los inicios de la Web siguieron la misma tendencia. Miles de personas e instituciones volcaron sus conocimientos en la red y se ha constituido un depósito universal de millones de documentos y recursos sin orden aparente alguno. La Web es una miscelánea de páginas personales, artículos científicos, operaciones mercantiles, noticias intrascendentes o serias, etc. en distintos formatos (html, xml, pdf, jpg, exe, etc.) y en diferentes morfologías (texto, imagen, audio, vídeo, programas, aplicaciones, etc).

De esta forma, un tema recurrente entre los pioneros y primeros teóricos del hipertexto como era resolver el eterno problema de la desorientación y el desbordamiento cognitivo que podía provocar en el lector la lectura hipertextual, también se acusa en el caso de la Web debido a la enorme cantidad de información almacenada, además de la carga cognitiva nueva que puede suponer, para los lectores acostumbrados al texto lineal, no sólo la fragmentariedad y discontinuidad de la lectura que hacen posible tanto la exploración de la red hipertextual, esto es, la navegación, sino también la posibilidad de la lectura multisecuencial, esto es, la posibilidad de desplegar un texto o varios textos, en distintas ventanas sobre la pantalla. Las páginas de la Web no constituyen un rosario encadenado de hojas de papel, sino una sucesión -o superposición- de ventanas, puesto que la Web permite no sólo "zapear" por los documentos y recursos, sino también superponerlos unos sobre otros.

Lo cierto es que en la Web conviven varias formas de disposición de la información y existen varias formas de lectura y acceso al documento. Es el usuario quien opta por una exploración aventurera o por una navegación más coherente e, incluso es posible una búsqueda por interrogación, esto es, ir directamente a la información que interesa por medio de los buscadores. En el gran hipertexto por excelencia, la WWW, existen distintas formas de navegación (browsing y clustering), como también existen distintas formas de búsqueda, recuperación y acceso a los recursos (querying) y todas ellas coexisten en el espacio y en el tiempo.
La solución al desbordamiento cognitivo y a la pérdida de orientación que se producen ante la ingente cantidad de información contenida en la Web y la heterogeneidad de la misma pasa, al igual que sucedió con los primeros hipertextos, por organizar esta información y dotarla de un sistema de navegación y un sistema de búsqueda adecuados. Para ello es preciso describirla (normalizando la descripción de su localización, formalización y contenidos), indizarla y clasificarla, y diseñar las herramientas adecuadas para llevar a cabo estas acciones.

En los últimos años ha habido importantes avances en el campo de la normalización y estandarización de los lenguajes hipertextuales. Al lenguaje HTML se le han sumado una serie de lenguajes que permiten dotar de una sintaxis o estructuración formal a los documentos presentes en la Web (entre los que cabe destacar el lenguaje XML y derivados, convertido hoy en el lenguaje estándar para el intercambio de información estructurada), como otra serie de lenguajes que permiten dotar a la Web de una lógica y un significado, esto es, capaces de añadir contenido semántico por medio de metadatos normalizados a través de esquemas y ontologías, a todos y cada uno de los documentos y recursos presentes en la Web (tales como los lenguajes RDF, OWL, XFML, etc.) Sobre la base de estos lenguajes se han colocado los primeros cimientos de la llamada Web Semántica.

En el campo de los buscadores y navegadores también se han producido cambios relevantes. Desde 1993, año de la aparición del primer navegador gráfico Mosaic, o desde la aparición del primer motor de búsqueda para Internet, ARCHIE, pasando por las indizaciones manuales del primer sistema de recuperación que se desarrolló para la Web, Yahoo, se han desarrollado un gran número de herramientas y sistemas de búsqueda con múltiples y variadas funcionalidades que han mejorado notablemente la interfaz de usuario, logrando convertir el hipertexto de la World Wide Web verdaderamente en hipermedia y añadiéndole capacidades dinámicas e interactivas que mejoran notablemente su usabilidad. Recientemente han aparecido navegadores y buscadores semánticos y existen en la red numerosos buscadores especializados que facilitan el acceso a la información relevante en determinados campos del conocimiento o en determinados formatos (pdf, imágenes, audio, vídeo, blogs, noticias, etc.) haciendo que cada día disminuya la llamada Web invisible, esto es, toda esa gran masa de información que quedaba al margen de los principales buscadores por tratarse de datos en bases de datos dinámicas que debía rastrearse desde su propia ubicación web o que precisaban pasarelas o herramientas especiales para acceder a ellas.

También se están logrando importantes avances en el desarrollo de motores de búsqueda y uso de robots y agentes inteligentes para la indización, clasificación, búsqueda y recuperación de los documentos de la Web. Incluso existen buscadores como KartOO, que ofrecen una representación gráfica de los resultados de las búsquedas en forma de mapa donde se muestran tanto las páginas y su localización URL, como las relaciones que existen entre ellas.

En este sentido hay que destacar también los nuevos proyectos llevados a cabo para la representación de la información contenida en la World Wide Web tanto en forma gráfica como textual. Existen numerosas bases de datos que conforman índices y directorios textuales que nos pueden guiar tanto en la navegación por los documentos y recursos de la Web, como en la búsqueda directa de la información, pero también se han desarrollado mapas de la Web que intentan representar tanto su estructura formal, como su contenido. Si cualquier tipo de estructura funcional hipertextual (estos es, el nivel físico de nodos y enlaces), así como la estructura navegacional (esto es, el nivel de usuario) se puede representar gráficamente, también es posible representar la estructura informativa o de contenido de un hipertexto (nivel lógico), y la Web no es ajena a este hecho. Hace muchos años que comenzó a mapearse su estructura formal, porque la Web es un espacio, una red de nodos conexionados y enlazados, pero hoy también se está mapeando su contenido, porque la World Wide Web es una retícula de informaciones conectadas sobre diferentes ámbitos del conocimiento. De esta forma, la existencia de la Web está ayudando a mapear el conocimiento. Surgen así los mapas conceptuales que ofrecen un modo de representar la comunicación del conocimiento por medio de un lenguaje visual. Incluso el propio mapa puede utilizarse como componente de la propia red hipertextual para dar acceso a la información sobre un campo concreto -o varios campos- del conocimiento. Esta metainformación contenida en la Web misma, contribuye a mejorar el conocimiento y ya existen medios normalizados para representarla, como la especificación Topic Maps, los lenguajes facetados como XFML o los documentos estructurados por medio de ontologías y lenguajes semánticos como OWL. Tampoco hay que descartar la utilización o adaptación de tesauros en la Web ya que los contenidos de los tesauros, algunos de los cuales abarcan el conocimiento de una disciplina completa, son una potente base y una herramienta excepcional para la construcción de ontologías.

De la misma forma que en su día surgieron los grandes sistemas de clasificación tanto universales (LCC, Dewey, DCC, CDU, etc.) como especializados (clasificaciones enumerativas, facetadas, etc.) para la ordenación temática de los fondos de las bibliotecas y centros de documentación, se están buscando también métodos estandarizados y normalizados para la clasificación universal y/o especializada de la gran biblioteca global y enorme depósito de documentos y recursos accesibles en línea que es la World Wide Web.

En la Web podemos navegar por la información o acudir a un buscador para realizar una consulta y que nos conduzca de forma directa y accesible a la información que nos interesa, pero la información debe ser analizada e interiorizada para poder afirmar que hemos adquirido conocimiento. Sin embargo, la posibilidad de navegar por dominios completos o parciales del conocimiento y tener acceso a los documentos y recursos de una rama completa del saber o de una porción importante de ella, sí facilita la adquisición de dicho conocimiento. Es más, la utilización de ontologías, mapas temáticos y bases de conocimiento que permiten no sólo estructurar la información, sino también poder visualizarla gráficamente, navegarla y explorarla, también favorece la comprensión de los contenidos y, por tanto, la información contenida en la Web es una fuente directa de conocimiento en mayor medida que lo era/es la información contenida en una biblioteca física, pues el sistema de ordenación de los fondos por materias permite adosar y adjuntar los materiales físicos impresos por temas ofreciendo una comprensión excesivamente general y demasiado superficial de una materia concreta, pero no permite conectar contenidos ni establecer relaciones jerárquicas, asociativas, referenciales, de amplitud y expansión de esos contenidos, secuenciales, multisecuenciales, etc. En suma, el texto tradicional impreso (esto es, el contenido) como cualquier tipo de soporte analógico (es decir, el continente), no permiten las relaciones que sí se producen en el hipertexto gracias a esa enorme y variada tipología de enlaces que permiten dos de las características esenciales del hipertexto: la conectividad y la digitalidad. En cierto sentido, se puede afirmar que el hipertexto al permitir navegar no sólo por la información, sino por el propio conocimiento lógico estructurado, también potencia y crea conocimiento.

De igual forma, la Web, como proceso de estructuración conceptual también aporta metaconocimiento. La Web Semántica pretende que los datos puedan ser utilizados y comprendidos por los ordenadores sin necesidad de supervisión humana, de forma que los agentes web puedan ser diseñados para tratar la información situada en las páginas web de manera semiautomática. Se trata de convertir la información en conocimiento, referenciando datos dentro de las páginas web a metadatos con un esquema común consensuado sobre algún dominio del conocimiento. Mediante los metadatos y el uso de ontologías consensuadas y normalizadas no sólo se especificará el esquema de datos que debe aparecer en cada instancia, sino que además se incluirá información adicional de cómo hacer deducciones con los datos, es decir, axiomas que podrán aplicarse en los diferentes dominios que trate el conocimiento almacenado. El objeto de la Web Semántica es que el contenido de la información sea comprendido por las máquinas y no por los seres humanos, sin embargo, la posibilidad de estructurar el conocimiento de forma que sea navegable y visible a los ojos y la comprensión humana es un paso adelante en la transferencia de la información hacia el conocimiento.

En otro orden de cosas, también vemos que la información ha saltado del medio impreso y del soporte del conocimiento por excelencia, el papel, a otro medio hasta ahora denostado y en pugna con el primero: la pantalla y que el vehículo considerado hasta ahora como base del conocimiento: el libro, empieza a ser sustituido de forma creciente por los píxeles en la pantalla. Muchos autores han visto este hecho con temor, ya que consideran que el texto se vería amenazado ante la explosión de las imágenes favorecidas por los multimedia.

Sin embargo, si hasta ahora la pantalla era el soporte por excelencia para ver imágenes y más concretamente, para visionar imágenes en movimiento acompañadas de audio (cine y televisión y otros recursos audiovisuales), ahora la pantalla ha dado un paso adelante y se ha convertido en el medio por excelencia para ver información y no sólo información gráfica, sino también información textual.

La informática, producto de la matemática y de la lógica, del cero y el uno, dio un paso de gigante cuando se abrió al logos y a las máquinas literarias de Ted Nelson, padre del término hipertexto; pero con el desarrollo de las interfaces gráficas, la informática ha vuelto al símbolo, a la metáfora y la iconicidad como demuestra la presencia constante de imágenes y el paso del papel a la pantallas. ¿Es esto un retroceso para el pensamiento lógico? En absoluto, pues hoy el conocimiento no sólo se representa, sino que se presenta, esto es, se hace visual. El hipertexto, y el hipertexto por excelencia: la World Wide Web es en sí misma un espacio para recorrer, explorar, surfear y navegar y es un espacio que puede organizarse, estructurarse y semantizarse y, a pesar de la proliferación y la constante presencia de imágenes el hipertexto/hipermedia se basa, fundamentalmente en la palabra escrita, esto es, no existe hipertexto sin texto. El hipertexto es texto expandido, enlazado, conectado a otros textos, imágenes o recursos, pero la base fundamental sigue siendo el texto.

La cultura del texto se ha empeñado en denostar la cultura de la imagen, sin embargo la iconografía no sólo apela a la emoción, también es capaz de representar procesos y conceptos. Una clara muestra de ello es, como apuntábamos anteriormente, la utilización de mapas conceptuales que sirven para estructurar contenidos de forma visual y que permiten no sólo clarificar de forma resumida una larga exposición literal, sino que pueden aportar una mayor riqueza para la comprensión e interpretación que la propia argumentación textual.

La imagen como instrumento de comunicación corre pareja de la historia humana desde sus inicios. La iconocidad ha sido y sigue siendo magia, símbolo, señal, aviso, amenaza, representación, percepción, apariencia, arte, ilusión, ilustración, explicación, denotación, documento, testimonio, memoria, archivo, realidad, verdad, actualidad, punto de vista, connotación, expresión, exaltación, motivación, conmoción, persuasión, etc. La imagen abarca todas y cada una de esas facetas y no podemos obviar ninguna de ellas.
El dominio de la los medios icónicos en la vida cotidiana y en la realidad social y cultural es un hecho claro. Cada día que pasa, la letra cede espacios a la imagen y la cultura y la civilización del libro dan paso a la cultura y la civilización de las imágenes, pero estas dos culturas no tienen por qué ser contrapuestas, sino que se complementan y se integran la una en la otra para crear una realidad social y cultural nueva. Además de los continuos intentos de fusionar imagen y texto (caligrafía, caligramas, cartelismo, prensa, poesía visual, grafitis, etc.), las tensiones que a lo largo de la Historia se han producido entre la imagen y el texto, convergen por fin en el hipertexto/hipermedia capaz de fusionar ambas morfologías.

Ningún medio de expresión posee igual potencia que el lenguaje para el pensamiento discursivo y, sin embargo, la imagen nos ofrece otro punto de vista y otras maneras de ver y de pensar. Los nuevos medios gráficos coexisten con los medios textuales convencionales y no se excluyen, sino que son complementarios. Cada medio tiene su razón de ser y es útil para transmitir según qué tipo de información. Lo cierto es que la cultura del libro no desaparece, otra cosa es que cambie el soporte textual.

A la multimedialidad del hipertexto que permite unir la racionalidad y la sensorialidad en la comprensión del texto, se une otra característica que viene a ahondar en la ruptura de la linealidad de la lógica textual y que hasta ahora no había sido posible con los medios analógicos: la multisecuencialidad. Este fenómeno, totalmente nuevo para la lectura textual humana ha sido el causante de un gran revuelo conceptual y de una constante controversia entre los defensores del pensamiento lógico, argumentativo y racional que creen que la capacidad de pensar se ajusta más a la forma de narrar tradicional lineal, por lo que el hipertexto supondría una ruptura con dicho pensamiento lógico y argumentativo; frente a los que piensan que la mente funciona por asociación y que el hipertexto se ajustaría más a este proceso de pensar. Lo cierto es que tanto el razonamiento lógico tradicional como el razonamiento por asociación son constitutivos del pensamiento humano y que la nueva racionalidad del hipertexto permite no sólo una escritura lineal, sino también una escritura asociativa; y lo que es más importante, el hipertexto permite conjugar ambos tipo de escritura, lectura y pensamiento.

Un hipertexto puede servir para divertir, para anunciar un producto, para hacer transacciones económicas, etc.; pero también para informar, investigar, debatir, enseñar, hacer reflexiones conjuntas, etc. Información y conocimiento no son sinónimos, pero las posibilidades que ofrece el hipertexto para la formación, educación, investigación, la colaboración y el conocimiento compartido, han sido puestas de manifiesto por numerosos autores y el hipertexto se ha convertido en una herramienta de uso común para el aprendizaje en línea o fuera de ella.

Es el autor del hipertexto quien estructura la información y ofrece al usuario los bloques de información y los enlaces entre esos nodos de información, además de facilitar herramientas de navegación y métodos interactivos que faciliten el aprendizaje, pero es el propio usuario quien, en último término, elige las rutas que más le interesan y quien construye o amplía sus conocimientos. De ahí el paso del lector pasivo a un lector activo, y la conversión de este lector en usuario.

El fin de un buen hipertexto educativo no es solo transmitir información o conocimientos acabados, sino que las posibilidades tecnológicas del hipertexto permitan que los contenidos remitan a distintas fuentes, ofrezcan lecturas abiertas a diferentes posibilidades de reflexión en función del interés del usuario, estimulen la investigación, hagan más fácil la elaboración de conclusiones individuales y posibiliten entornos colaborativos donde se pueda compartir conocimiento.

Además, el hipertexto también opera sobre la conciencia y metacognición del individuo puesto que el usuario es consciente de los procesos que está realizando al escoger los temas y secuencias concretos del hipertexto que quiere visualizar, leer, comprender, aprender, etc. El usuario no está obligado a seguir la secuencia con la que el autor del hipertexto concibió un tema, sino que es el propio lector el que acomoda el texto a su antojo, organiza su lectura, la expande, amplía, profundiza, etc.

Diseñar un buen hipertexto requiere una estructuración rígida y compleja para que, paradójicamente, su uso sea muy flexible y sencillo. La estructura funcional y la estructura navegacional deben estar al servicio de la estructuración del contenido, esto es, la estructuración conceptual. Si se crea un hipertexto mediante conceptos bien relacionados, se crea una potente red conceptual. Una red de conocimiento estructurado en la que el conocimiento puede ser navegado y explorado, y en la que es el propio lector quien elige su propia secuencia de lectura. Desde el punto de vista pedagógico el hipertexto ha sido y es una herramienta útil para la enseñanza y la educación y se han destacado 3 usos básicos destacables: el hipertexto sirve para la búsqueda de información, para la adquisición de conocimiento y para la solución de problemas gracias a las nuevas posibilidades que ofrece la interactividad.

Es erróneo identificar los datos con las ideas y equiparar el conocimiento con la información. El conocimiento tiene un carácter subjetivo: los saberes se encuentran siempre incorporados a sujetos. Hoy se intenta convertir la información y el conocimiento en mercancías, pero también existe el proceso contrario, y prolifera una socialización espontánea de la información y del conocimiento facilitada por la conectividad del hipertexto y la disposición de la información y el trabajo en red. La nueva Web 2.0 fundamentada en las redes sociales y las creaciones colaborativas (wikis, weblogs, folksonomías y etiquetado social, sindicación de contenidos, copylefts, software libre, etc.) convive con los servicios web más comerciales, los copyrights y los formatos propietarios.
La información y el conocimiento no se agotan con el uso. Es casi imposible medir el conocimiento y la información. Sin embargo ¿es posible su privatización? En la actualidad se vive un proceso de redefinición de los derechos de propiedad en la autoría y acceso. Los conceptos de información y conocimiento en línea cuestionan los criterios de propiedad y escasez que caracterizaban a los medios analógicos y el acceso en línea ha desbancado a la reproducción mecánica y a la distribución física.

La tecnología hipertextual permite compartir la información y el conocimiento, pero todavía está por definir el modelo económico y social que se quiere implantar para el funcionamiento de la red de redes. En la red se vive una lucha sorda entre el modelo neoliberal con sus privatizaciones y monetarizaciones y el modelo social de participación, colaboración desinteresada y gratuidad. Si en el mundo analógico éste ha quedado bien definido en favor del primero, la propia esencia de la red permite saltarse los códigos existentes en el mundo analógico en el que, incluso, las legislaciones al respecto han quedado inaplicables. Sin embargo, para que ésta era fuera realmente la era de la información y esta sociedad se pudiera llamar la sociedad del conocimiento, los poderes públicos debieran plantearse numerosas cuestiones relativas a la universalidad en el acceso a las redes de comunicación, el acceso universal a los contenidos y a la producción de estos, la alfabetización digital desde la escuela, la libre y fluida difusión de la información y del conocimiento en formatos tecnológicos de dominio público, la utilidad pública de los grandes buscadores e indizadores y de las nuevas herramientas de gestión del conocimiento, la conservación y difusión de documentos y recursos de interés general, la conjugación de los llamados medios sociales con las iniciativas tanto públicas como privadas, la conservación del ciberespacio como un ámbito social libre e igualitario por encima de monopolios estatales o empresariales, etc.

 
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