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Daniel Cohen, 2001, Nuestros tiempos modernos.
Tusquets
Autor/-a de la reseña: Fernando Garrido Ferradanes
La respuesta al libro de Rifkin `el fin del trabajo´ ha sido
devastadora. Desde los EEUU no se le da crédito en el mundo académico a
sus palabras como Castells (1) señala, y se le responde con `El trabajo
Flexible´ de Martín Carnoy, donde sus tesis son enérgicamente refutadas
con un análisis exhaustivo de cifras y datos de la Nueva Economía. Desde
la vieja Europa, donde sin duda las palabras de Rifkin han calado más
hondo, ha sido Cohen quien le ha plantado cara con un ensayo voraz que
ha obtenido el premio `libro de economía 2000´ en su país de origen.
Cohen realiza un breve repaso por las transformaciones del mundo del
trabajo y de la empresa en el siglo pasado, desde el fordismo a lo que
se conoce con el etéreo concepto de postfordismo, pasando por Keynes y
el consumo. La tesis principal de libro de Cohen se estructura entorno a
un concepto fundamental para las ciencias sociales que la economía
desprecia: el capital humano. En un proceso de cambio tecnológico
permanente, de reorganización y reestructuración empresarial, con el
incremento de la productividad por bandera, el capital humano se
encuentra en una situación (como ya Sennet nos había relatado) de
desprotección y de polivalencia. Si en el modelo fordista nos
encontrábamos con una especialización de tareas obsesiva, en el nuevo
régimen estamos ante una concentración de tareas en un mismo trabajador.
Sin duda esto afecta al desempeño de su trabajo, las ecuaciones
económicas, y el esfuerzo de una clase obrera que ha cambiado el mono y
la fábrica por un uniforme y un hipermercado.
El autor aborda la paradoja del zapeo, es decir, la contradicción cuando
menos aparente entre la reducción del coste de la coordinación y la
escasa especialización en el trabajo, para intentar dar algunas
supuestas respuestas. En primer lugar está el hecho de que la
coordinación de tareas se ha convertido en una actividad productiva en
sí misma pero que no se puede delegar; sirva el ejemplo de buscar
información en Internet. Por otra parte, la informatización, argumenta
el autor, ha destruido algunos oficios `clásicos´, haciendo que los
conocimientos correspondientes sean de dominio público, gracias a que
una tarea -la administrativa- o bien se ha hecho común a todos o ha
desaparecido. Asimismo, señala el cambio en la jerarquización de la
producción de la nueva empresa, donde los empleados dejan de estar
sometidos al control de los jefes para pasar a estar sometidos a
programas informáticos. Se puede decir que la informática convierte el
saber profesional de cada uno en un bien común de la empresa y no
exclusivo del trabajador. Ahora bien, todo esto que estamos señalando no
implica una menor especialización que en el paradigma fordista, sino que
un mismo empleado debe realizar diversas tareas que continúan estando
igual de especializadas.
Pero si hay un cambio importante en la Nueva Economía este es el que
ocurre en el seno de la organización de las empresas (2). Cohen señala
el supuesto vínculo entre el nuevo mundo productivo y el neoliberalismo,
hay que recordar que en demasiadas ocasiones la izquierda ha metido en
el mismo saco a la Sra Thatcher y a la utopía libertaria de los pioneros
de la saga informática. Algo de cierto hay, cuando la globalización
económica-capitalista se sirve de las tecnologías de un modo más que
evidente, y es obvio que sin el Nasdaq muchas de las empresas (entre
ellas Microsoft) no serían lo que son. El autor compara este hecho con
la `afinidad electiva´ de Ford y Hitler, y deja a las TIC un margen de
confianza amplio escudándose en empresas teóricamente alternativas como
Netscape y en el giro que Ford supo dar en la Post-Guerra.
`La era del capital humano´, así es como Cohen denomina el nuevo período
en el que entramos, en el que el nuevo modelo de producción que
sustituye al fordismo abre un horizonte donde el trabajador movilice un
capital humano que le pertenece en la ejecución del proceso productivo.
Enriquecer el capital humano y respetar sus supuestos derechos
inherentes constituyen los cimientos que llevan a Cohen a pensar en una
nueva regulación social.
Es posible realizar una revisión de la teoría del capital humano de
Becker (3) para distinguir tres tipos de capital humano:
Capital humano general, que referencia a unas competencias externas a la
empresa y generales cierto tipo de conocimientos. Por ejemplo, los
trabajadores que sobrepasan el concepto de asalariados y obtienen otro
tipo de beneficios (stock options por ej.). El capital humano específico
está formado por el saber interno a la empresa, adquirido en el
aprendizaje de un trabajo concreto, que con la salida de la empresa se
suele perder. El capital biográfico es el que poseen los que carecen de
los dos anteriores. `tener mucho mundo´, es un currículo que
`simplemente´ está formado por la vida laboral.
Estos tres `tipos´ tienen en común una característica muy vinculada al
desarrollo tecnológico: tanto pueden dar sus frutos como devaluarse
bruscamente. El riesgo (4) de perderlo todo es permanente, sirva la
ilustración de un profesional con un saber muy especializado que puede
caer en una absoluta incompetencia gracias a la aparición de una nueva
tecnología.
Por último señalar como la ideología neoliberal impone su discurso de
forma pausada e imperceptible, apoyándose demasiadas veces en el
discurso del `fin del trabajo´ y en el desarrollo tecnológico. La
prejubilación, o la jubilación anticipada impuesta a los obreros de la
siderurgia (francesa y alemana sobre todo) o a la pesca, es algo lógico,
coherente y en cierto modo plausible. Pero otra cosa muy diferente es
que los gobiernos legislen con la idea de que el precepto por el cual la
mejor respuesta a la destrucción del empleo es la desaparición del
empleo.
La obra concluye reclamando una regulación social concreta, un conjunto
de normas sociales ajustadas a nuestra época, un incremento de la
importancia del capital humano frente al financiero... algo que el autor
considera las reclamas sociales al nuevo capitalismo, a la nueva
economía, algo que se tiene que conseguir sin rechazar los logros
sociales de hace ya dos siglos: educación, sanidad, trabajo o seguridad.
Daniel Cohen es profesor en la Universidad de Paris I y en la Ecole
Normale Superieure. Es Secretario General de la Fundación Saint Simon y
asesor del gobierno de Lionel Jospin, donde lidera una comisión de
estudio sobre la `nueva economía´.